VALORES CUALITATIVOS O BIOLÓGICOS DE LOS FORRAJES

Valores cualitativos o biológicos de los forrajes
El calor y su significado. Hay que recordar que, cuando los elementos nutritivos digeribles que contienen los forrajes se usan para trabajo, son desintegrados para formar agua y gas de ácido carbónico conjuntamente con cualquier residuo nitrogenado como la urea en el caso de proteínas.

En esta desintegración los elementos nutritivos sufren una serie de modificaciones químicas llamadas oxidaciones, y en ellas desempeña un papel importante el oxígeno del aire que entra por los pulmones.

Cuando arde carbón o coke en un bracero se produce oxidación y calor, y en la misma forma los elementos digeribles producen calor al oxidarse.

Cuando hace frió, lo mejor forma de entrar en calor es caminando o corriendo, estos movimientos aceleran el proceso de desintegración y se genera calor, que la sangre distribuye por todo el cuerpo haciendo las veces de un sistema de calefacción central.

Es evidente que cuando se producen desintegramientos en el cuerpo el resultado siempre es calor.

Los animales se pueden dividir en dos grandes grupos: los que adoptan la temperatura del medio ambiente en que viven, y los que mantienen una temperatura más o menos constante.

Entre los primeros se cuentan los sapos y los peces (llamados animales de sangre fría) mientras que el hombre, el cerdo, la oveja, la vaca, etc., pertenecen al segundo grupo.

No conviene pertenecer al primer grupo, por muy buenas razones la tasa de cualquier alteración química depende en todos los casos de la temperatura.

Si ésta es muy baja, el cambio será lento, y al elevarse, el proceso se acelera la vida se compone de una serie de alteraciones de esta índole, y en el caso de que la temperatura del hombre dependiera de la de su medio ambiente no le resultaría muy agradable la vida.

En invierno se limitaría a dormir; en verano su actividad sería extra ordinaria hasta un punto que resultaría molesto.

Sabemos que en verano el sapo es activo, mientras que en invierno permanece sentado en el fondo de un pozo o estanque.

Eso comprueba que, siendo animal de sangre fría, está a merced de su medio ambiente y no puede decidir por sí solo el grado de actividad que habrá de desarrollar.

Los animales de sangre caliente sufrirían enormemente si la temperatura del cuerpo experimentara variaciones considerables de un día para el otro, ya que fluctuaría también la posibilidad de trabajar, de acuerdo con el calor engendrado.

Midiendo la de los animales en períodos variables, se comprueba que si bien la temperatura de cuerpo varía de una especie a otra, es aproximadamente constante dentro de una misma especie. La normal del hombre es de 36.8 °C; la del equino 38°C; Ia del buey 38-39 °C; la de la oveja y del cerdo 39.5 °C y la del perro 38.5 °C.

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Escrito por Wil, el 12 noviembre, 2013.


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